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La Fageda: Fortalezas y Retos hacia una Moneda Social

La idea de introducir una moneda social en La Fageda obliga a mirar con otros ojos aquello que la organización ya hace desde hace años. Su proyecto siempre ha girado en torno a la dignidad, el acompañamiento y la creación de vínculos, y no tanto a la lógica estricta del mercado. En el día a día se generan formas de valor que no pasan por una nómina: el apoyo entre compañeros, la estabilidad emocional que proporciona un entorno seguro, la transmisión de habilidades o la simple presencia compartida. Todo esto forma parte de lo que podríamos llamar economía invisible, un conjunto de aportaciones que sostienen la misión social de la entidad pero que quedan fuera de los mecanismos habituales de reconocimiento económico. Seyfang (2004) ya señalaba que este tipo de valor comunitario es fundamental, aunque el dinero convencional no sepa medirlo.

Una moneda social permitiría, en cierto modo, dar un lugar explícito a ese valor que ahora circula de manera informal. Corrons, en su webinar sobre monedas complementarias, insiste en que estos sistemas no buscan sustituir al euro, sino activar recursos que ya existen en la comunidad y que permanecen infrautilizados. La experiencia de La Turuta en Vilanova i la Geltrú muestra que, cuando una comunidad dispone de un medio de intercambio propio, la participación aumenta y la riqueza generada se queda en el territorio. En un entorno como la Garrotxa, donde La Fageda mantiene relaciones estables con productores y comercios locales, este tipo de herramienta podría reforzar dinámicas que ya funcionan, pero que podrían adquirir una dimensión más amplia.

La organización parte de una posición favorable. Su arraigo territorial, su reputación y la confianza que genera son elementos que, según Blanc (2011), resultan determinantes para que una moneda comunitaria pueda consolidarse. Además, la cultura interna de La Fageda —centrada en las capacidades de cada persona y en la importancia del acompañamiento— encaja bien con la lógica de los bancos de tiempo y de los sistemas de crédito mutuo. Fare y Ahmed (2017) señalan que estos modelos funcionan especialmente bien en contextos donde existe una base comunitaria sólida, algo que aquí se cumple. Varios compañeros han destacado precisamente este punto: La Fageda ya genera valor no monetario de forma natural, lo que facilita que una moneda social no se perciba como algo ajeno, sino como una extensión coherente de su manera de trabajar.

Sin embargo, esta misma estructura también plantea retos. El primero tiene que ver con la manera en que solemos entender el valor. La idea de que solo cuenta aquello que se paga con dinero es muy persistente, y Corrons advierte que este “mapa mental” puede generar resistencias incluso en organizaciones con una fuerte orientación social. A esto se suma la falta de experiencia específica en la gestión de monedas sociales. Aunque La Fageda tiene una larga trayectoria en la ESS, estos sistemas requieren tareas de seguimiento, dinamización y comunicación que no siempre son fáciles de asumir. Una compañera apuntaba que integrar una moneda social en el día a día puede convertirse en una carga organizativa si no se planifica bien, algo que coincide con lo que señala Martín Belmonte (2014) sobre la complejidad de estos sistemas.

También hay que tener en cuenta el marco institucional. Ávila y Tezanos (2023) señalan que la normativa española sobre monedas sociales es todavía ambigua, lo que obliga a diseñar estos sistemas con prudencia para evitar problemas legales. Este aspecto puede convertirse en un freno si no se acompaña de un diálogo con administraciones locales y actores del territorio.

A pesar de estas dificultades, las oportunidades son considerables. Una moneda social podría reforzar la economía local, creando un circuito de intercambio que mantenga el valor dentro de la Garrotxa. Lietaer (2001) y Blanc (2011) coinciden en que las monedas comunitarias funcionan como “circuitos cerrados”, donde el dinero no se escapa hacia grandes cadenas, sino que circula entre quienes viven y trabajan en el territorio. Para La Fageda, esto podría traducirse en nuevas formas de colaboración con comercios locales y en una mayor conexión con la comunidad. Varios compañeros han destacado este punto: la moneda social no sería tanto crear algo nuevo, sino reforzar lo que ya existe.

Otra oportunidad importante tiene que ver con la inclusión. No todas las personas vinculadas a La Fageda pueden trabajar a tiempo completo, pero sí pueden aportar habilidades, tiempo o conocimientos. En un sistema de intercambio alternativo, estas contribuciones tendrían un reconocimiento explícito. Seyfang (2004) destaca que los bancos de tiempo permiten valorar actividades que el mercado no reconoce, pero que son esenciales para la cohesión social. En una organización donde la diversidad funcional es un elemento central, esta posibilidad adquiere un sentido especial.

Ahora bien, también existen amenazas que conviene considerar. Una de las más relevantes es la posibilidad de que la moneda no alcance una masa crítica suficiente. North (2010) explica que, sin un número mínimo de participantes, estos sistemas tienden a perder dinamismo y a desaparecer. A partir de las aportaciones de mis compañeros, conviene añadir un matiz importante: en experiencias como La Turuta se ha observado que, cuando la red de intercambios es limitada, la moneda puede acumularse sin que existan suficientes oportunidades para gastarla. Este “bloqueo” no depende solo del número de usuarios, sino de la diversidad real de bienes y servicios disponibles. En el caso de La Fageda, la viabilidad del sistema dependería en gran medida de cuántos actores del territorio se sumaran desde el inicio y de qué condiciones mínimas se establecieran para garantizar una circulación fluida.

En conjunto, la introducción de una moneda social local podría convertirse en una herramienta útil para profundizar en la misión social de La Fageda y reforzar su impacto comunitario. No se trata solo de crear un medio de intercambio alternativo, sino de abrir un espacio donde el valor se mida de manera más humana y más coherente con los principios de la Economía Social y Solidaria. Para que esto sea viable, sería necesario definir con claridad los recursos disponibles, las alianzas territoriales y los tipos de intercambios prioritarios, de modo que la moneda no solo exista, sino que tenga sentido para quienes participan en ella.

Fuentes  de consulta

  • Ávila Sánchez, M., & Tezanos Vázquez, S. (2023). Monedas sociales y economía circular: Sinergias, retos y oportunidades para España. CIRIEC-España.
  • Blanc, J. (2011). Classifying “CCs”: Community, complementary and local currencies. International Journal of Community Currency Research, 15, 4–10.
  • Corrons, A. (2019). Entrevista a la Asociación ECOL3VNG (La Turuta). Universitat Oberta de Catalunya.
  • Corrons, A. (2025). La importancia de las monedas complementarias en el desarrollo local [Webinar]. Universitat Oberta de Catalunya.
  • El Topo. (2014). Monedas sociales, tejiendo comunidad. https://eltopo.org/monedas-sociales-tejiendo-comunidad/
  • Fare, M., & Ahmed, P. (2017). Complementary currencies and social inclusion: Lessons from European experiences. Journal of Community Currency Research, 21(2), 1–12.
  • González de Canales, L. (2018). Monedas sociales y bancos del tiempo como herramientas de refuerzo de la población local. AlmaNatura.
  • La Fageda. (s.f.). Projecte social i activitats. https://www.fageda.com
  • Lietaer, B. (2001). The future of money: Creating new wealth, work and a wiser world. Random House.
  • Martín Belmonte, S. (2014). Cómo hacer una moneda social [Documento PDF]. La Aventura de Aprender.
  • Monedas sociales y complementarias: Innovar para sostener el comercio local. (2025). El Parteaguas.
  • North, P. (2010). Local money: How to make it happen in your community. Green Books.
  • Seyfang, G. (2004). Time banks: Rewarding community self-help in the global economy. Community Development Journal, 39(1), 62–71.
  • Universitat Oberta de Catalunya. (s.f.). Entrevista a la Asociación ECOL3VNG (La Turuta).

 

 

Debate1en La Fageda: Fortalezas y Retos hacia una Moneda Social

  1. Manuel Alejandro Garcia Perez says:

    El texto está bien y muestra interés en el tema María José. Eso hace que el trabajo tenga un valor que no siempre aparece en los trabajos académicos. Pero pienso que, cuando de verdad importa un trabajo correcto y bien intencionado, me encanto!

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